miércoles, 21 de noviembre de 2012

Capitulo 8



Una semana después...
 
Una vez más Alvaro y Cris parecían dos desconocidos, una vez más no hablaban, no se miraban, no aguantaban más de 5 minutos en el mismo lugar…
Alvaro llevaba mas de una semana llegando cada día más tarde que el anterior y todos los días se repetía la misma escena: el profesor le regañaba y él contestaba con un “tranquilo que estoy aquí ¿no?” mientras ella intentaba no observarle, intentaba no preocuparse pero a veces era inevitable.
Era viernes, se retrasaba más de lo normal, eran la 11:00 la hora del recreo y todavía no había aparecido. Sus amigos empezaban a ponerse más nerviosos de lo normal, Miki (nota de la autora: Miki es el mejor amigo de Alvaro) no dejaba de llamarlo una y otra vez sin éxito.
Cris estaba sentada en unos escalones intentando concentrarme en la conversacion que estaban teniendo sus amigos hasta que Miki se le acercó. Le pidio que si podia venir un momento y Cris acepto no muy convencida

 -Cris por favor – sentándose a su lado – llamalo tú.
- ¿yo? –mirándole extrañada – pero si no nos hablamos, desde que lo dejo con Alejandra esta super borde conmigo
-inténtalo – suplicándome.
Al final la chica opto por hacerle caso, se levante del césped donde estaban sentados para alejarse un poco del barullo de gente y así poder escuchar mejor si contestaba… por suerte lo hizo.
- ¿Cris?– tembló al escuchar su voz.
- Alvaro… ¿Dónde coño estas?
- en casa – le costaba demasiado hablar, parecía que estaba borracho.
-Alvaro joder todos estaban todos tus amigos preocupados…
Antes de que pudiera contestarle la llamada se cortó, intento volver a llamarle pero le salía el buzón.
Sin dar ninguna explicación ni despedirse de nadie cogí el camino y decidó ir a su casa a buscarlo, se escapó del colegio, cosa que no había hecho nunca y por un chico que le trata fatal, ni ella lo comprendia
Eran la 11:30 y antes de las 15:00 cuando venia su padre a por ella tenia que estar en el colegio, andó lo más rápido que pudo y a los 10 min estaba picando en su portal.
Espero unos segundos pero nadie contestaba, los nervios se apoderaron de ella y decidió saltar la verja
Al llegar a su puerta recordó que la familia de Alvaro siempre guardaba una copia de las llaves dentro de la pequeña planta que tenia en la puerta. Así que consiguió entrar en su casa sin que se diera cuenta
Al entrar toda la casa estaba a oscuras, con las ventanas bajadas, no se veía nada más que un pequeño reflejo en el suelo provocado por la puerta de su casa que acababa de abrir.
Ese reflejo fue suficiente para poder ver el interruptor y dar la luz de la entrada. Cerro la puerta y empezó a buscar a Alvaro por todos los rincones
Lo encontró estirado en el suelo del salón dormido con una botella de ron en una mano y en la otra su teléfono.
Se acerco a él con sumo cuidado y empezó a darle pequeños golpes en la cara para que despertará
-Alvaro ¿me oyes?
-¿Qué haces aquí? –Abriendo los ojos y llevándose las manos a la cabeza para intentar ocultar su aspecto - ¿Cómo has entrado?
-eso no importa –poniéndose de cuclillas a su lado – anda vamos – pasando su brazo por encima de sus hombros para ayudarle a levantarse
-Dónde? –poniéndose de pie con su ayuda
-primero a darte una ducha –llevándolo hacia el baño – y después al colegio
- me había olvidado – sentándose en la taza del váter.
-ya me lo imagino – sentándose enfrente de él y quitándole los zapatos
- eh – cogiendo sus manos – pareces mi madre – con una sonrisa.
-calla – intentando no perderse en sus ojos – vamos que todos están preocupados –quitándole ahora la camiseta y abriendo el grifo - ¿podrás ducharte solo?
- ¿lo dudas? – poniéndose de pie y volviendo a sentarse tras notar que no podía mantenerse en pie.
- ya veo que no – quitándole los pantalones y ayudándolo a entrar en la ducha.
- eh Cris que falta un prenda – a punto de quitarse los calzoncillos.
-Alvaro no – cogiendo sus manos antes que se quitara los calzoncillos – no hace falta que te los quites, luego te pones unos limpios.
Nada más sentir el contacto del agua en su piel empezó a quejarse.
- joder Cris esta congelada
- ¿y que esperabas un jacuzzi? Toma, aguanta – entregándole la manguera de la ducha mientras se inclinaba para coger el jabón y la esponja.
Antes de que pudiera reaccionar sus manos rodearon su cintura y terminaron adentrándola en la ducha junto a él empapándome por completo.
-Alvaro – intentando deshacerse de sus brazos – para – haciendo toda la fuerza posible sin éxito.
- ¿Qué esperabas que desperdiciara esta oportunidad? – estrujándola fuerte entre sus brazos mientras rociaba su cuerpo con la manguera.
- joder Dani esta helada – pataleando como una niña pequeña.
- ya te lo había dicho – sonriendo pícaramente.
-eres imbécil.
-pero sabes que estas loca por mi – acercándose peligrosamente a su labios e impetrándola contra la pared del lavabo.
-Alvaro nos están esperando – intentando salir sin éxito del hueco en el que la tenía rodeada.
-sabes perfectamente que no quieres irte - escondiendo su cabeza en el cuello de la chica y empezando a besarlo sin control – que sigan esperándonos.
-Alvaro – intentando apartarlo nuevamente de ella aunque en el fondo no era eso lo que deseaba – Alvaro – esta vez en vez de un quejido pareció que de mis labios salió un pequeño gemido.
 -sonriendo dentro de mi cuello tras escuchar como había pronunciado su nombre – te echo de menos.
En ese momento mientras no dejaba de besar su cuello volvió a sentir que estaba perdida, incapaz de pronunciar otras palabras que no fueran:
-yo también.
Las palabras que necesitaba oír para que sus labios pasaran de su cuello a besar su boca
Deshaciéndose, con su ayuda, de la ropa que hacía tan solo unos minutos había decidido empapar.
Olvidando por completo el motivo que le había llevado a ir a buscarlo, olvidando que faltaban menos de un par de horas para que su padre fuera a por ella… pero sobretodo olvidando el daño que le hizo, olvidando el daño que estaba segura volvería a hacerle.
Dejándose llevar, sin control, sin escapatoria. Entregándose al deseo, a las mil cosas que solo él podía hacerle sentir, disfrutando de su cuerpo que estaba a punto de fundirse con él suyo.
Una vez logra deshacerse de su ropa la chica entrelazo sus piernas en su cintura, mientras sus manos se sujetaban fuertemente a la pequeña estructura metálica que servía como apoyo para la manguera de la ducha. Él sujeto las caderas de Cristina fuertemente atrayéndolas hacia él sus labios no dejaban de besar cada parte de su cuerpo.
Hacía tiempo que se había perdido en control de la situación. Nada más notar sus brazos rodeando su cintura sabía que por más que intentara resistirse al notar sus labios en cualquier parte de su cuerpo iba a volver a caer.
Y así fue tras besar el cuello de la joven volvía a estar rendida a sus pies, volvía a perderse en sus labios, volvía a dejar que le hiciera suya, volvía por unos minutos a tocar el cielo, a ser feliz, a olvidarlo todo, a estar con él, sin necesidad de nada más, sin nadie más.
Cris se abrazo a su cuello para tras un leve impulso volver a colocar mis pies en el suelo.
Su mirada se encontró con la suya y fue entonces cuando el miedo y el recuerdo de lo ocurrido, de lo mal que lo ha pasado por lo mal que la ha tratado volvió apoderarse de ella.
¿Va a volver a huir? O ¿va a besarla y a intentar que esta vez si las cosas salgan bien?

 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Capitulo 7

 
Entra en su casa y lo primero que hace es enviarle un Whatsapp a Maria. "¡Tengo que contarte todo!"
-Hola Cristina-dice su padre.
¡Sus padres! Con todo esto se le ha pasado el tiempo volando dijo que se iba a comer y ha llegado a casa a las 21:30
-Eh…hola papá. Siento no haberte avisado de que llegaria tarde. Se me ha pasado.
-No, si ya se ve.
-Que no vuelva a pasar, eh. Ya eres mayorcita para hacer lo que quieras pero avísanos para no preocuparnos, ¿vale?-dice su madre sonriéndome.
-Claro mamá.
Le da un beso y se va a su habitación. Entra a twitter y busca a aquel chico tan peculiar. @alvaro_fernandez. Seguir. Mira sus últimos tweets y ve que acaba de escribir uno nuevo:

“Un día muy bonito…no puedo decir lo mismo de su final…”

Vaya…seguro que ya ha hablado con Alejandra…Duda en si llamarlo o no, pero cree que no es el momento oportuno. Ya le llamara mañana. De momento, tiene que hablar con su mejor amiga...
(hace unos quince minutos en un barrio de Madrid)

 
-Hola cariño-le va a dar un beso pero ésta le rechaza-¿qué te pasa?
-Vayamos a tomar algo y hablamos.
Mal asunto, le rechaza y quiere que hablen. Se teme lo peor. Andan un poco, llegan a un bar y se sientan dentro. Piden dos Coca-Cola’s.
-¿Qué pasa?-dice titubeando por miedo a la respuesta.
-Alvaro, creo que lo nuestro ya no es lo que era antes.
Se queda perplejo.
-¿Cómo que ya no es lo que era antes? ¡Si hace una semana estábamos perfectamente!
-Ya…pero las cosas pueden cambiar mucho en una semana.
-¿Qué te ha pasado? ¿Ya no me quieres?
-Claro que te quiero, pero te prefiero de otra manera, como amigo, no como pareja.
-¿Y qué ha cambiado en esta semana para que pienses eso?
Alejandra no contesta. Se queda jugueteando con los hielos del vaso de Coca-Cola.
-Alejandra, contéstame.
-Verás, he conocido a un chico…
-¿Cuándo?
-Hace un mes aproximadamente.
-¿Cómo? ¿Y me lo dices ahora?
-No encontraba el momento…
Comienza a enfadarse.
-¿Que no encontraste el momento? Así que las numerosas veces que hemos estado solos, hablando, riendo…esos no eran momentos para contarlo, ¿no? Has estado jugando a dos bandas, Alejandra.
Ve que ella no contesta, así que todo lo que le ha dicho es cierto.
-Lo siento, Alvaro, pero te dejo…
-No, Alejandra, te dejo yo.

Y dejándole dinero en la mesa para que pague lo que han bebido, sale de allí. Ha sido duro con ella, pero ha estado jugando con el y con sus sentimientos, y eso no le gusta. Aunque le gustaría seguir siendo su amigo, la quiero mucho, pero ahora no es el momento.
Llega a su casa se pega una ducha rápida y se prepara la cena, aunque no tiene ganas de tomar nada, pero sabe que si no lo hace, luego le pasará factura. Alguien le envio un whatsapp, después de la discusión. Al principio no quería mirarlo por si era de Alejandra, pero le pudo la curiosidad y lo miro. No era de ella, era de Cristina:
“Gracias por este día. Me lo he pasado muy bien. Te debo una. Un beso.”
“No tienes por qué dármelas. Me alegro de que lo hayas pasado bien :) Otro beso.”-Le responde.
Mientras lo leía otra vez, se le dibujó una sonrisa en la cara. Alejandra es su pasado, pero su presente ya tiene nombre...
(actualmente en una habitacion de Madrid...)

 
 
-¿en serio?
-totalmente
Cris ha invitado a Mery a dormir en su casa tienen muchas cosas de las que hablar y no han podido esperar mas
-Qué suerte tienes…
-Suerte dice...
se ríe otra vez. Le encanta estar con Mery.
-Tampoco será para tanto…
-Lo que tu digas-dice sonriendo.
-Pero bueno, dejemos de hablar de mí. ¿Alguna novedad en tu vida?
-Pues no.
-¿Seguro?
Mery duda un momento.
-Bueno vale… que creo que me gusta Harry
-¿Harry?
-Sí…
-¿Sí? ¡Qué bien! Es bastante mono.
-¡Oye! Que tú tienes a Alvaro
Se vuelvo a reír.
-No digas tonterías, anda.
-Si la realidad es tontería…
Y más risas. Se lo pasan genial juntas. Siempre lo han hecho. Mery es su confidente. A ella le cuento todo, las cosas buenas, las malas, los amores, los desamores…Es una gran amiga; la mejor.


 

Capitulo 6


Risas y risas, eso es lo único que se escucha en esa enorme casa de Madrid. Cristina y Alvaro han acabado hace poco su trabajo, han tardado menos de lo que pensaban y a los dos se les ha pasado el tiempo volando. Sin darse cuenta llegan las dos y media de la tarde y la hora en la que Cris se tiene que ir a su casa.
-Alvaro, me tengo que ir a comer a mi casa, ya hablaremos
-Si claro. Te acompaño a la puerta
Los dos jóvenes caminan por los pasillos de esa enorme casa todavía entre risas. Llega el momento de la despedida, una despedida demasiado fría comparada con estas dos horas y media de risas, una despedida que posiblemente sea la ultima vez que los dos se encuentren, porque por muy increíble que haya sido la tarde no va a cambiar sus vidas por completo. Cuando la chica ya lleva gran parte avanzada ocurre:
-Oye Cris, ¿te apetece que vayamos a un Burger King que hay aquí cerca?
(nota de la autora: esta publicidad de gratis, espero que me la paguen los del burguer) La chica sonríe, hace una mueca con los labios y mete la mano en el bolsillo de su pantalón. Saca su móvil y empieza a marca un numero:
-¿Mamá? oye que me ha llamado Marta y me ha dicho que si quiero comer con ella y con los demás ¿Puedo?
Alvaro mira atento la conversión de madre e hija. Después de cinco minutos de conversión la chica de ojos azules cuelga y mira a su compañero:
.¿Nos vamos ya?
...
-¿Te acompaño a casa?
-No no, ya he molestado mucho hoy.
-Pero qué dices…anda vamos que te acompaño, dirección a Vallecas.
Me río y seguimos hablando de tonterías, riéndonos…cuando, en mitad del trayecto, le suena el móvil. Al principio duda en cogerlo, pero ante la insistencia de la persona, contesta.
-Hola Alejandra-contesta sonriente, pero pronto se le borra la sonrisa.
-Sí, vale, a las siete estoy allí. Adiós, te quiero…
Durante el resto del viaje no volvieron a hablar. Ella,  por miedo a que pensase mal de ella si le preguntaba quién era, y a él  se le notaba triste.
Llegaron al barrio de la chica 
-Aquí es. Muchas gracias por acompañarme.
-De nada, Cris. Ya me contarás-y sonríe. Es la primera vez que lo hace desde aquella llamada. Se dan dos besos cuando  Cris no resiste más y le pregunta
-Alvaro desde que te han llamado antes has estado muy raro…¿ha pasado algo malo?
-Eh…no, no.
-¿Seguro? Puedes confiar en mí…
Suspira y hace un gesto para que me siente en un banco que hay y así hace
-Era mi novia, Alejandra.-De repente, siente un pinchazo en el corazón-Dice que tenemos que hablar. Y cuando dice eso, no es algo bueno…
Le ve la cara que tiene mientras habla. Se ve que la quiere mucho. Le coloca la mano en el cuello y se lo acaricia intentando consolarlo.
-Ya verás como no es nada.
-Ojalá…Muchas gracias por todo, Cris.
-Gracias a ti, me has tratado maravillosamente.
-Es lo que te mereces-sonríe y sigue hablando- ya hablaremos
-Claro.
-Adiós, pequeña…

lunes, 5 de noviembre de 2012

Capítulo 5

El timbre de la casa de Pablo suena. El chico, ya vestido y desayunado, está preparado para trabajar con su amiga. 
- Buenos días, pelirroja.
- Buenos días, feo. 
- ¿Qué tal ha dormido la princesa?
Ella suelta una leve risa y responde.
- Perfectamente. ¿Listo para hacer el trabajo?
- Listo. 
Sonrisas por parte de ambos. 
Juntos, se dirigieron a la habitación del chico. Como casi siempre, su casa estaba vacía. Sus padres trabajaban y hermano mayor se encerraba a estudiar en la biblioteca una dificilísima carrera de medicina. 
- ¿Quieres tomar algo? - se ofreció Pablo. 
- Pues... ¿Me das un vasito de agua? - dijo Marta con dulzura. 
- Claro. Ve pensando de qué hacer el trabajo. - contestó él mientras se dirigía a la cocina. 
- Lo hacemos de ¿Las energías fósiles?
- ¡Vale! - gritó él desde la otra estancia de la casa.
- Creo que necesitaremos un ordenador. - hablaba ella mientras se dirigía a la habitación en la que se encontraba su amigo. - ¿Dónde está el tuyo? - continuó ya estando junto al chico.
Se giró sobresaltado. Ambos empezaron a reír a carcajadas. 


En otro lado de la ciudad. En la gran mansión de los Fernández.
- Te parece que hagamos el trabajo de... ¿Los problemas medio-ambientales? 
- Sí... ¿Sabes de que va el tema? Y yo que pensaba que ni mirabas los libros...
Álvaro la miró con sorpresa.
- ¿Tan mala imagen tienes de mí?
- Pues...
- Déjalo no contestes. - el chico se levantó de la silla enfadado, frustrado. 
La chica le siguió. O al menos lo intentó. Era una casa tan grande... ¿Por dónde había ido? ¿Izquierda o derecha? 
- ¿Álvaro? No es culpa mía tener esa imagen de ti. Tú te la buscas. - pensándolo bien, eso era lo peor que podría haber dicho. - Vale... Lo siento. Vuelve. No sé ni dónde estoy yo. - continuó.
No recibía respuesta. Resopló. Cristina caminó por los pasillos. Estaba perdida. Se decidió, si encontraba una ventana o alguna escapatoria saldría de allí. Ya sabía que era mala idea hacer un trabajo con él. La imagen que tenía de su compañero había empeorado. Ahora le puede añadir el adjetivo infantil. 
- Por fin. - pensó. 
Había encontrado la puerta por la que había entrado. La abrió y salió dando un portazo. Siguió el camino de piedras y se encontró con aquella enorme cancela. Estiró un poco sus brazos y se preparó para treparla. Pero alguien la agarró del brazo.
- Haber enana, ¿Qué se supone que haces? 
- Haber niñato, no me llames enana. Intento salir de aquí. Si tengo que suspender, suspenderé. No me importa. No tengo que aguantar esa actitud tuya. Ya el lunes me devuelves mis cosas. 
De nuevo, la chica hizo amago de trepar aquella enorme cancela pero esta vez, la agarraron de la cintura y, con un movimiento rápido, Álvaro la cogió en brazos como si de un saco de patatas se tratase. 
- ¡Coño Álvaro! ¡Qué me sueltes! - dijo ella pataleando y pegándole puñetazos en su fuerte espalda. 
- ¡Ese vocabulario enana! 
Ella resopló y se dejó llevar hasta la mesa en la que anteriormente estaban. 
- Te voy a soltar. Y te vas a estar quieta. Porque como habrás comprobado, no me cuesta nada volverte a atrapar. - dijo el chico hablando muy despacio. 
Y así, la sentó en la mesa y la miró esperando que hablara. 
- ¡Deja de mirarme así! Has sido tú el que se ha enfadado. 
- Perdona, eres tu la que me tomas por un engreído, imbécil y lo que sea que pienses de mí. ¡Y encima me llamas niñato!
Ella le miró resignada. 
- Vale... Lo siento. - dijo en un tono apenas audible. 
- ¿Cómo has dicho? 
- ¡Que lo siento! ¿Vale? Me he pasado un poco... Pero también tengo razón. Eres tú el que se comporta de esa forma. 
- Está claro que no sabes lo difícil es sobrellevar que te pongas etiquetas en tu personalidad.