domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 4

- Venga Cris, no te preocupes más. Seguro que al final no se porta tan mal. - intentó animarla Marcos.
Cris esbozó una perfecta sonrisa. La verdad, era que tenía unos grandes amigos. Siempre cuidaban de ella.
- Sí, olvídate de él mientras estés con tus chicos. - dijo Harry mientras se peinaba su rizado flequillo.
- Está claro que sé elegir bien a "mis chicos" - dijo entre carcajadas la chica.
- ¡Tía! ¡Me encanta esta sudadera! - gritaba Mery con emoción mientras salía de la tienda con muchas bolsas.
- ¿Qué te has comprado ya enana? - preguntó Pablo sonriente. Mery era la pequeña del grupo, todos eran del mismo año pero ella era del penúltimo mes del 96.
- Esto. - dijo ella feliz, mientras sacaba una sudadera con pequeños "moustaches" estampados en ella.
- ¡Oh, qué chula! - gritó Cris corriendo hacia ella.
Pudo ver como David ponía los ojos en blanco mientras sonreía, así que le se limitó a sacarle la lengua y mas tarde, guiñarle un ojo con una sonrisa. La chica volvía a ser ella, feliz, risueña, divertida.
Marta y Mery pararon en la siguiente tienda. Entraron juntas entre risas. De nuevo, los demás se quedaron en la puerta.
- Harry, por Dios, súbete esos pantalones que parece que te has cagado encima. - se quejaba Pablo mientra le subía los pantalones a su amigo.
- ¿A ti que te molesta Don Perfecto Me-encanta-mi-cara-mi-cuerpo-y-sé-tocar-el-piano? - dijo el irlandés recolocándose sus pantalones.
- Que no me parece bien que vayas enseñando bóxers.
Marcos, David y Cris reían a carcajadas como unos locos. Sus amigos parecían un matrimonio oxidado.
David y Cris ya se habían calmado pero Marcos no paraba. Cuando empezaba no había quien le parase.
- Deja de reírte Marquitos. - dijo Cris dándole en la barriga con su dedo índice.
- A este se le ha ido la olla. - dijo David. Era la frase que el chico decía cada vez que a Marcos le daba uno de sus ataques de risa.
Entre risa y risa transcurrió la tarde y, poco a poco también la noche. Habían terminado de cenar en un McDonald's y cada uno se dirigía a su casa. Marta caminaba junto a Marcos. La casa de su abuela estaba junto a la suya.
- Me da pereza tener que madrugar mañana para estudiar.
- A ti y a todos pelirrojilla.
Ella suspiró. Y más tarde sonrió.
- Bueno, me quedo aquí.- Se puso de puntillas, agarro a su amigo por la nuca y le besó cerca de la comisura de los labios.
El chico se sonrojó y observó como ella abría el portal y se despedía con la mano.
Suspiró y siguió una calle más hasta llegar a su portal.

(...)

La chica castaña con puntas rubias y ojos marrones llamó al interfono. Mientras esperaba respuesta, contestaba a los whatsapp's de ánimo de sus seis amigos.
- ¿Si? - una voz femenina contestó.
- Ho...Hola... S-soy Cristina... Vengo a hacer un tr-trabajo con Álvaro.
- Oh, sí, pasa. - dijo amablemente.
Unos segundos mas tarde la gran cancela que tenía aquella joven delante se abrió, dejando a la vista una enorme mansión. No había palabras para describirlo. Era una 'casa' enorme de unos cinco pisos, con un jardín delantero extremadamente grande. Tenía fuentes, un pequeño lago, una piscina y, ¡Hasta una casa en un árbol! Cris, tardo un poco en reaccionar, siguió el camino de piedras hasta unas escaleras por las que subió para llegar a una puerta blanca. Cuando se disponía a llamar al timbre una chica morena, de pelo liso, ojos negros y un cuerpazo, abrió la puerta con una bonita sonrisa.
- Hola, Cris, me llamo Lucía, soy la hermana de Álvaro.
- Hola.
- Pasa al salón.
Al entrar, pudo admirar que la casa era más grande de lo esperado. La familia de Álvaro debía tener mucho dinero. Estaba todo decorado con mucho gusto.
Bajó las escaleras que había nada más entrar y se situó en el centro de aquella sala. Se sentó en uno de los sofás en silencio mientras buscaba con la mirada a su compañero de trabajo o a su hermana.
- Tenemos un problema. - dijo Lucía.
Cris la miró expectante.
- Mi hermano está dormido y yo tengo mucha prisa. Tengo una cita con el médico y no puedo llegar tarde, así que siento tener que decirte esto, pero, vas a tener que despertarle tú.
A Cristina, se le heló la sangre. La expresión de aquella chica morena era de preocupación. No le gustaba la idea de tratar así a los invitados.
- No te preocupes. Corre, no quiero causar yo molestias. Le tendré que despertar yo.
- Dios mío. Muchas gracias. Eres la única chica que Álvaro a traído a casa que es maja, las demás son muy desagradables. Espero que a mi hermano se le pegue algo de ti. - decía mientras se movía de un lado para otro cogiendo llaves, carpetas y un bolso. - Su habitación está en el primer piso. La segunda puerta de la derecha. Adiós Cris. Espero verte de nuevo.-  Esto último lo dijo justo antes de cerrar la puerta y salir corriendo a por su coche.
La chica suspiro. Subió al primer piso y llego a la puerta de su habitación. No se creía que iba a tener que despertar al chico mas engreído y egoísta de todo su instituto. Abrió la puerta con cuidado y asomó la cabeza. Allí estaba, en su cama, durmiendo como un angelito. Tapado hasta la cintura y sin camiseta. Y eso que ya estaban a finales de Octubre. Se acercó con cuidado y respiró profundamente.
- Emm... ¿Álvaro?
Nada, el chico ni se inmutaba.
- Álvaro. - dijo esta vez colocando su fría mano sobre los abdominales del chico.
Esta vez sí se movió. Se revolvió un poco entre las sábanas aún con los ojos cerrados.
- Álvaro, soy Cris. Tenemos que hacer el trabajo ¿recuerdas?
El chico abrió los ojos, y al verla, los abrió aún más.
- ¿Qué haces tú aquí? ¿Quién te ha dejado entrar? ¿Dónde está Lucía? ¿Qué hora es?
- Vengo para hacer el trabajo, son las doce y media, Lucía me ha dejado entrar y ella se ha ido con mucha prisa al médico.
Álvaro volvió a respirar y volvió a tumbarse en el colchón más relajado. Cristina le miraba, esperando a que se moviese. Al ver esto, él reaccionó. Se levantó de la cama tan sólo con unos pantalones deportivos. Ella le seguía con la mirada.
- Vamos al comedor que tengo hambre.
Juntos salieron y se dirigieron a la cocina, allí él, sacó unas magdalenas de la despensa y pasó por delante de Cris para que la siguiera hasta el comedor. Se sentaron en una gran mesa. Ella seguía en silencio, contemplaba a su compañero de trabajo, comiéndose su magdalena, con los ojos hinchados y sin camiseta.
- Em... ¿No tienes frío?
Álvaro la miró intensamente a los ojos. Luego miró su pecho y abdominales y, con una sonrisa miró de nuevo a Cris que estaba un poco ruborizada.
- No. Bueno, dime, ¿Qué tenemos que hacer?
- Eh... Pu-Pues un repor-portaje. - dijo tartamudeando nerviosa.
- Oh venga, no me digas que estás nerviosa.
 La chica apartó la mirada.
- No me como a las personas. - dijo el chico esbozando una perfecta sonrisa.
Cristina empezaba a sentir algo de seguridad al lado de aquel chico. Se estaba empezando a dar cuenta de que no era como la gente decía.

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